El divorcio en España se ha consolidado como un proceso legal accesible y garantista dentro del ordenamiento jurídico, especialmente desde la reforma del año 2005, que eliminó la necesidad de alegar una causa de divorcio específica. Desde entonces, los matrimonios pueden disolverse por decisión unilateral o de mutuo acuerdo, sin necesidad de justificar razones concretas.
No obstante, aunque la ley ya no exige una causa concreta para que una pareja pueda divorciarse, en la práctica existen múltiples motivos personales, emocionales y sociales que llevan a miles de parejas a poner fin a su vínculo matrimonial.
¿Es necesario justificar una causa de divorcio?
No. En la actualidad, no es necesario alegar una causa de divorcio en los tribunales españoles. Basta con que haya transcurrido un mínimo de tres meses desde la celebración del matrimonio para que cualquiera de los cónyuges pueda solicitar el divorcio, incluso sin el consentimiento del otro.
Esto significa que los motivos de divorcio son irrelevantes a efectos legales, pero siguen teniendo una fuerte carga emocional y social, y su análisis es útil para comprender por qué se divorcian las parejas en la práctica.
Causas más comunes de separación o divorcio en España
Aunque no existe un listado oficial en la ley, diversos estudios, como los realizados por el Observatorio del Derecho de Familia y entidades como la Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA), permiten identificar una serie de principales causas de divorcio en España.
🔹 Principales causas de divorcio:
- Falta de comunicación
- Infidelidad
- Falta de compromiso
- Cambio de prioridades vitales
- Desgaste emocional
- Dificultades económicas
- Excesiva presencia de las familias
- Violencia o malos tratos
- Falta de equidad en las tareas familiares
- Estrés por la crianza de los hijos
Causas frecuentes del divorcio en España
Entre las causas más frecuentes del divorcio en España, destacan varios factores que, en mayor o menor medida, influyen en la ruptura del vínculo matrimonial y en la forma en que se desarrolla el proceso de separación. La falta de comunicación es, con diferencia, una de las causas más habituales. Su frecuencia es muy alta y tiene un impacto directo en la dificultad para alcanzar acuerdos amistosos, ya que impide una mediación efectiva y obstaculiza cualquier intento de diálogo constructivo.
La infidelidad, aunque no siempre reconocida judicialmente como causa determinante, se presenta con alta frecuencia y suele incrementar el nivel de conflicto, especialmente en matrimonios con hijos, donde la tensión emocional puede afectar a las decisiones sobre custodia o visitas.
Las dificultades económicas también son una causa común, con una frecuencia media-alta. Este tipo de problemas pueden derivar en divorcios contenciosos, debido al desacuerdo sobre reparto de bienes, pensiones y responsabilidades económicas.
Otra causa frecuente es la falta de compromiso, que suele estar asociada a un desinterés por reconstruir la relación o resolver conflictos. Tiene una incidencia alta y se traduce en un desgaste progresivo que lleva finalmente a la separación.
En casos más graves, la violencia o los malos tratos dentro del entorno familiar, aunque menos frecuentes, tienen un impacto muy elevado. Estos casos requieren la adopción de medidas cautelares inmediatas, como la orden de alejamiento, y provocan un divorcio urgente con implicaciones penales o de protección para los menores.
La interferencia de familiares, como suegros u otros parientes, también figura entre los motivos comunes. Con una frecuencia media, genera conflictos de lealtades y falta de límites dentro del núcleo familiar, complicando la convivencia.
Por último, la crianza de los hijos representa un motivo que suele tensar la relación con frecuencia media. Las diferencias sobre la educación, disciplina o el reparto de responsabilidades provocan situaciones de estrés, frustración y, en muchos casos, resentimiento acumulado que desemboca en el divorcio.
Cada una de estas causas puede condicionar el tipo de procedimiento (mutuo acuerdo o contencioso) y las medidas que se adopten durante el proceso de divorcio, afectando tanto a los cónyuges como a los hijos.
Falta de comunicación
La falta de comunicación es una de las principales causas de separación o divorcio. Cuando los cónyuges dejan de escucharse, de compartir sus preocupaciones o de comprender al otro, se pierde la conexión emocional que sustenta el matrimonio.
Frases como “ya no hablamos como antes”, “no me siento escuchado” o “todo se convierte en una discusión” son habituales en estas situaciones. La incomunicación favorece malentendidos, críticas destructivas y el distanciamiento progresivo.
Infidelidad
La infidelidad sigue siendo uno de los motivos que más rupturas provoca, incluso cuando no se convierte en la razón legal del divorcio. La pérdida de confianza que conlleva una traición emocional o física suele resultar irreversible para muchas parejas.
Es común que el cónyuge traicionado inicie el proceso de divorcio al considerar que se han sobrepasado los límites del respeto mutuo. En otros casos, incluso la sospecha de infidelidad genera una tensión insostenible.
Falta de compromiso
En relaciones con una base afectiva débil o sin un proyecto común claro, la falta de compromiso puede derivar en una separación progresiva. Este motivo suele manifestarse con expresiones como:
- “No se implica en la relación.”
- “Siempre tengo que tirar del carro.”
- “No le importa lo que pase entre nosotros.”
Cuando uno de los miembros deja de trabajar por el vínculo, el otro se siente solo, desatendido o sin apoyo emocional.
Cambio de prioridades
Los años traen cambios personales, profesionales y familiares. Muchas parejas deciden divorciarse al comprobar que sus caminos han tomado rumbos diferentes:
- Nuevas metas laborales incompatibles con la vida familiar.
- Diferencias en el proyecto de vida.
- Cambios en la orientación sexual o necesidades afectivas.
- Desequilibrio en las ambiciones o estilos de vida.
Este tipo de divorcio suele tramitarse de mutuo acuerdo, pero no deja de tener carga emocional importante.
Dificultades económicas
Los problemas financieros son otro de los factores que más contribuyen al divorcio en España. La inestabilidad económica, las deudas o el desempleo prolongado suelen generar un clima de tensión, inseguridad y frustración dentro del matrimonio.
Estas dificultades pueden llevar a que uno de los cónyuges se sienta sobrecargado o que existan reproches mutuos sobre el manejo del dinero.
Violencia o malos tratos
En los casos más graves, la causa del divorcio es la existencia de violencia de género o malos tratos físicos o psicológicos. Ante estas situaciones, el derecho de familia establece medidas urgentes de protección:
- Medidas cautelares de alejamiento.
- Privación de la custodia.
- Suspensión del régimen de visitas.
- Protección del domicilio familiar.
Este tipo de divorcio se tramita siempre por vía contenciosa y con intervención judicial.
¿Qué tipos de divorcio existen?
En España existen dos tipos de divorcio:
1. Divorcio de mutuo acuerdo
- Ambas partes están de acuerdo en separarse.
- Se pacta una propuesta de convenio regulador.
- Puede tramitarse ante notario si no hay hijos menores.
- Es más rápido y económico.
2. Divorcio contencioso
- Una sola parte solicita el divorcio.
- No hay acuerdo sobre las condiciones de separación.
- Se resuelve mediante sentencia judicial.
- Supone mayor conflicto, tiempo y costes.
¿Cómo llevar a cabo un buen divorcio?

Aunque todo proceso de divorcio implica un componente emocional, es posible llevar a cabo un buen divorcio si se cumplen ciertas condiciones:
✔ Contar con un abogado de familia con experiencia.
✔ Separar el conflicto emocional del procedimiento legal.
✔ Priorizar el interés de los hijos, si los hay.
✔ Buscar acuerdos razonables, incluso con mediación.
✔ Evitar el desgaste en procedimientos innecesarios.
Aunque no es necesario alegar una causa de divorcio en los tribunales españoles, las parejas siguen enfrentando motivos reales y profundos que las llevan a la ruptura. La falta de comunicación, la infidelidad, los problemas económicos o el simple desgaste de la relación siguen siendo factores decisivos en la decisión de separarse o divorciarse.
Contar con un equipo legal especializado en derecho de familia, que ofrezca orientación, mediación y acompañamiento emocional y jurídico, es clave para superar el proceso de manera sana, eficaz y con respeto mutuo.


